Balcón del valle

Fuente la Lancha

    Tendido hacia el poniente, como un pájaro violeta, adormecido, agridulce y feliz, al mismo tiempo, Fuente la Lancha perfila el horizonte, recortándolo con el anaranjado aliento de sus tejados. Del silente corazón de sus callejas sigue brotando aún el herrumbroso aroma de lo antiguo: bardales atravesados por la melancolía y el silencio. Así es mi tierra: casas azules derramándose en la luz y agricultores deambulando en el poniente. Fuente la Lancha, pueblo cercano al mío, forma parte del paisaje de mi alma; es como un triste y silencioso mirlo blanco que, hace ya muchos años, anidó furtivamente en mis pupilas.

   Recuerdo aquella imagen, desvaída en infantil, de sus calles primaverales crujiendo bajo mis breves pisadas de niño, su cálida y romántica feria, como de fresa y cartón, que parecía extraída de algún cuento de hadas. es verdad, para mi Fuente la Lancha guarda un perfume mágico y cristalino, atractivo e incontaminado. Es un pueblo pequeño y muy profundo, lleno de magia y leyenda, que inspira amor y poesía. Ningún otro pueblo del Valle supo cautivarme con él (aunque los quiera a todos), pues tan sólo en sus callejas luminosas pude experimentar esa suave atracción literaria que te lleva a grabar unos deshilvanados versos en la memoria para después escribirlos.

   Fuente la Lancha, leyenda y brisa, calles de sol y herrumbre, corazón de horizonte, mirada de humo y silencio. Cuánto me has inspirado, pueblo de la melancolía, huella ceremoniosa de mi mirada. Hablaría de tus hombres de lluvia, de tus mujeres silenciosa y enlutadas, de tus bellas adolescentes caminando bajo la suave luz de tu feria de mayo... Mas sé que no es precios. Sólo quiero agradecer la serena inspiración que un día me diste, la humilde mansedumbre de tus gentes, el silvestre dolor de tu perfil que, desde niño, llevo calvado en mi mirada. Quiero pedirte un favor: sigue clavada ahí, en tu mágico rincón, derramada sobre la esmeralda colina, recortando tu perfil de mujer triste sobre el horizonte infinito y violeta de mi valle.